Buscar
  • monipamies

EMOCIONAR HUMANO

Actualizado: jun 4

Los seres humanos somos seres emocionales que usamos la razón para validar o negar lo que hacemos, pensamos o sentimos, nuestros gustos o preferiencias, y los de: nosotros otros.

Sin embargo vivimos en una cultura que, aún en este presente de infinidad de estudios y cursos sobre “inteligencia emocional”, niega la emociones (en particular algunas de ellas) y por tanto facilitamos la desconexión y la desorientación. Cuando digo que las negamos no hablo del ámbito de las conceptualizaciones, o del hablar de las emociones, en google podemos leer sobre emocionalidad hasta hartarnos pero ¿qué nos pasa en la vida cotidiana?? ¿Qué nos pasa emocionalmente a la hora de abordar nuestros conflictos o desencuentros? ¿Cuánto sabemos de nuestras emociones? ¿Somos capaces de indagarnos reflexivamente o nos quedamos entrampados en el lenguaje?

En relación a nuestros niños, ellos no aprenden en los discursos o los talleres de inteligencia emocional de los que participan en las escuelas, aprenden en la convivencia con nosotros, los adultos: padres, familia, docentes. Ahí nuestro gran compromiso con el aprendizaje emocional si nos importa contribuir con el bienestar de nuestros hijos, de nuestros nietos y hasta podríamos decir del planeta: ahí nuestra ética.


NUESTROS ORÍGENES

Devenimos de un grupo de primates bípedos que hace unos tres millones de años empiezan a encontrarse en el placer de hacer juntos, y a generar un modo de convivir que conservándose en el tiempo da lugar a la aparición del lenguaje y a nuestra condición evolutiva de Homo sapiens.


Siglos de una historicidad de seres corpoemocionales. Si bien resulta innegable el papel del lenguaje en nuestro vivir, tengamos presente nuestra historicidad a la hora de abrirnos a la comprensión del fenómeno emocional y su relevancia en el vivir humano.

La recursividad del lenguaje humano nos hace el tipo particular de seres que somos: nuestra capacidad de reflexionar, el que podamos pensar nuestro pensar, sin embargo ¿cuánto podemos dar lugar a nuestra condición evolutiva de Homo sapiens sapiens si, olvidando nuestra historicidad de seres corpoemocionales, vivimos en un lenguajear desconectado, sin conciencia corpo-emocional?


NUESTRO PRESENTE

¿Qué nos pasa en este presente de un lenguaje omniabarcante?

Estamos viviendo un presente de profundas crisis en todos los ámbitos del quehacer humano y el planeta pareciera estar en manos “de unos locos con carnet”. Conflictos, enajenación, vivimos buscando desesperadamente la teoría de moda que nos salve.

Explicamos, explicamos, llenos de explicaciones ajenas que nunca cuestionamos, nos hemos ido muy lejos de nosotros mismos … “el ser humano está donde está su atención”, dice Humberto Maturana. Desconectados de nuestra biología, no hay lugar donde volver y confundimos pensar con reflexionar… pura desorientación.


VOLVER A CASA: EL PARAÍSO PERDIDO

Estando en nuestra Patagonia, viendo a los pingüinos me pregunté cómo es que nosotros, humanos, el GPS nos resulta cada vez más imprescindible, aún para ir a lugares que supuestamente conocemos. Y tuve una intuición: hemos perdido confianza “esencial”. El pingüino no duda sobre si ha de poder volver, vuelve. ¿Dónde la perdimos??? ¿Cuánto tendrá que ver nuestro desconectarnos de la experiencia, desconectarnos de nuestro cuerpo y nuestras emociones?. “El ser humano está donde está su atención”, no donde está su cuerpo: nos hemos ido lejos y, en la desconexión, perdimos el rumbo.

Hablamos acerca de… alejados de la experiencia. ¿Están vivos? Sí… Sí! es la respuesta instantánea y automática. Sí, desde lo obvio y sabido intelectualmente y no, desde la experiencia en el propio vivir. Así vivimos. Sin distinguir que el hablar acerca del vivir y el vivir son dos fenómenos diferentes; que el pensar la vida y el vivirla son dos fenómenos diferentes. Llevados por el entusiasmo asumimos compromisos, y cuando el entusiasmo decae… el compromiso decae, no hay cuerpo para sostener, ¿quién sostendría?. Devenimos fantasmas.

En estos últimos tiempos de experimentar la reflexividad me vengo dando cuenta que resulta un llamado a biologizarnos, es un pensar encarnado y solo es posible en la calma. En la coherencia de la reflexión la ansiedad no tiene lugar, solo en el pensar. La reflexión nos trae, el pensar nos lleva. Y necesitamos volver: la crisis que estamos viviendo a nivel ecológico da cuenta y requiere de nuestra presencia. Nuestra vida personal, también.


VOLVER A NOSOTROS MISMOS COMO INDIVIDUOS Y COMO ESPECIE

En lo individual, volver a nosotros mismos requiere PRESENCIA: estar en lo que hacemos, estar en la inocencia de la acción. Salir de la enajenación que nos aleja permanentemente del presente. Como especie, recuperar la reflexividad como práctica cotidiana en nuestro vivir y convivir puede resultarnos una alternativa de posibilidad.

Preguntándonos por los momentos particulares de armonía y profundo bienestar en este presente, podemos empezar a dar con algunas pistas. ¿Qué posibilidades se nos abren en esos espacios en el hacer con otros? ¿De qué nos dan ganas y cómo aparecemos? Desde mi primera juventud me he preguntado ¿de dónde esa añoranza de armonía si siempre estamos en conflicto, en guerra, en desencuentros interminables? Ya como formadora de profesionales del coaching me he sorprendido cuando en algunas dinámicas de contacto las lágrimas nos afloran y nos sentimos tan conmovidos y conectados, ¿qué evocamos? Será acaso aquel pasado arcaico de convivencia en la armonía? Será memoria de aquella familia ancestral y el convivir mamífero amoroso y social del que venimos?

Inquietudes. Preguntas. Pistas. Posibilidades.


UN MUNDO DE PRESENCIAS

El amor en sentido biológico, la emocionalidad que dispone al amar, es la disposición a accionar de modo que el otro aparece como legítimo en la aceptación espontánea de su presencia sin expectativas. Ese amor especificado en acciones resulta la emoción constitutiva de lo humano. La agresión siempre es contingente, o al menos, lo ha sido. ¿Qué nos pasa en este presente? ¿Qué tan alejados estamos de ese convivir social del que somos hijos? ¿Seremos capaces de usar la reflexividad para generar los cambios que estamos necesitando en lo ecológico que sostiene el vivir humano??? ¿Seremos capaces de salir de los entrampes en los que nos hemos enredado? ¿Podremos por fin empezar a vernos los unos a los otros sin miedos, sin desconfianza? ¿Podremos recuperar la pregunta inocente, la expresión genuina y sincera de lo que nos pasa? Preparamos a los niños para la adultez en la desconfianza, porque así es el mundo? o ¿porque así lo vemos desde la propia desconfianza… y desde ella lo recreamos? Qué tal si nos preparamos los adultos para recuperar nuestra inocencia, y nuestra espontaneidad a la hora de generar nuevas preguntas para abordar viejos e históricos problemas?

Desandar nuestros pasos, como individuos, como especie… recuperar dimensiones olvidadas… una desafiante y esperanzadora posibilidad. En este presente, nuestra condición evolutiva de seres lenguajeantes corpoemocionales nos invita a poner “en su lugar” al lenguaje… o quizás a poner en su lugar al ser humano. El lenguaje participa de nuestro experienciar, se monta sobre la experiencia pero es incapaz de dar cuenta de ella, tan poderoso como limitado. El mismo Rafael Echeverría quien crea un planteamiento centrado en el poder del lenguaje dice en su último libro: acaso lo más importante ocurra en el silencio. En la pura presencia. Un silencio en que seamos capaces de experimentarnos y acogernos en la plena presencia. ¿Seremos capaces de experimentar y multiplicar esos espacios? Desde AMANS, nuestro propósito: recuperar espacios contacto entre los seres humanos, espacios en lo que podamos encontrarnos… más allá del lenguaje.


SERES CONVERSACIONALES

Así como en la música los silencios hacen a las melodías que escuchamos, también en el conversar. Hablar y escuchar… y los silencios. El conversar ocurre en el entretejer del lenguajear y el emocionar. Si nos importa profundizar en los fenómenos del vivir y el convivir necesitaremos adentrarnos en los procesos en lo que nos vamos constituyendo como seres conversacionales. En eso estamos los coaches o todos aquellos seres humanos que empezamos a vivir la ética como un llamado desde una responsabilidad a ejercer, acaso un llamado desde nuestro inconsciente evolutivo de especie a recuperar la dinámica social en la que lo humano se constituye.


EL FENÓMENO DEL EMOCIONAR

En la interacción con el entorno y, como seres vivos, estamos en permanente devenir. Podés experimentarlo ahora mismo, ¡hacelo!. Si en el fluir de nuestro vivir ponemos conciencia hablaremos de experiencias. Experiencias en las que se expresan coherencias en las que nuestro vivir transcurre: puro movimiento. Siempre estamos en alguna emoción, las emociones son constitutivas en todo lo que hacemos, desde nuestro pasado de mamíferos “amorosos” las emociones nos son constitutivas.

De manera precaria, como todo modelo y solo a modo de acercamiento comprensivo, podríamos esquematizar el fenómeno del emocionar. Proponemos mirar desde el centro encerrado en rojo, en que un observador resulta impactado por ciertos estímulos en su interacción con el entorno, de modo que se gatillan ciertas disposiciones corporales que configuran un rango acotado y específico de ACCIONES (y no otras), y así en un permanente devenir: perdiste una foto de un ser amado: te dan ganas de llorar; de repente la encontrás: te dan ganas de reir. Un sonido fuerte te sorprende: te dan ganas de salir corriendo. El cuerpo, siempre el cuerpo. Te proponemos que en el leer pongas en acción lo que venimos compartiendo y que vuelvas a leer el párrafo lentamente experimentándote el observador que mencionamos. Lo mismo al revisar el esquema.




Distinguimos como emoción a cada disposición corporal que configura y especifica cierto rango acotado de acciones. Emoción viene de emovere, de la familia etimológica de mover.

En ciertas situaciones resulto impactada de modo tal que se gatillan en mi corporalidad un rango acotado y específico de acciones: llorar, reir, salir corriendo, gritar, esconderme, etc. La emoción se configura en esas dinámicas o disposiciones corporales a la acción. La emoción tiene como escenario el cuerpo. La emoción está en el trasfondo de todo cuanto hacemos.

Cada vez que distinguimos un cambio en nuestro horizonte de posibilidades aseguraremos que ha cambiado la emoción en la que estamos, podamos nombrarla o no. Ello resulta irrelevante. Incluso para los coaches. No nos importa el nombre de la emoción sí, a qué nos mueve o limita y en tal sentido su impacto en nuestro vivir y convivir.


EMOCIONES, SENTIMIENTOS Y ESTADOS DE ÁNIMO

Miedo, rabia, tristeza, alegría podemos distinguirlas como emociones básicas. Podríamos integrar asco/rechazo/disgusto, sorpresa, placer/gusto. Todas ellas están presentes en todos los mamíferos y también en los bebés. No requerimos haber desarrollado lenguaje para experimentarlas.

En nuestro vivir y convivir podemos distinguir muchas otras emocionalidades que tienen que ver con la recursividad del lenguaje: corresponden a sentimientos (vergüenza, culpa, resentimiento, admiración, etc). Una emoción se expresa, en el momento que hablo de ella: siento miedo, siento alegría, siento… o la distingo, ya nos corrimos, y hablaremos también de sentimientos.

No somos responsables de las emociones que nos toman. Sí somos responsables de lo que hacemos con ellas.

¿Cómo nos comportamos frente a nuestro emocionar??

1. Acciono espontáneamente en consistencia con mis importares, la emoción fluye.

2. Niego la emoción. La registro y la niego. Ejemplo: no pasa nada, no importa, etc

3. Alimento con pensamientos. Las emociones solo se sostienen con pensamientos. Si alimento mis pensamientos alimento la emoción. Se van configurando así estados emocionales más permanentes: estados de ánimo.

4. Paro la pelota. Me centro. Me doy el tiempo para la indagación reflexiva que me permita elegir un curso de acción en consistencia con mis importares.




Personalmente me ha pasado de no distinguir la emoción en la que estoy, hasta que alguien me trae, por ejemplo: ¿qué te pasa que estás enojada? Y ahí tomo conciencia. Podríamos traer esta experiencias como un quinto comportamiento respecto de nuestro emocionar. Lo llamaría la ceguera emocional.


CIERRE

Los seres humanos somos seres emocionales que usamos la razón para validar o negar lo que hacemos, sentimos o pensamos: nosotros u otros. Argumentamos desde la razón lo que tiene un trasfondo emocional, lo que hemos elegido por nuestros gustos o preferencias. De ahí que la pretensión de resolver nuestros conflictos usando la lógica nos resulte tan poco efectiva. En todo desencuentro con otro, no habrá posibilidad alguna de acercamiento genuino, en tanto no seamos capaces de “desaparecer” para escuchar y hacer contacto con el dolor o el sentir del otro como punto de partida. En un mundo en el que construimos nuestra autoestima sobre el “tener razón”, aparecer inteligentes, ganarla… poca o ninguna disposición para ese encuentro.


“Más allá de lo que está bien y lo que está mal hay un lugar, allá nos encontraremos”

Rumi


El presente escrito resulta integración de lecturas de Humberto Maturana, Humberto Gutiérrez Sotelo, Rafael Echeverría, Fred Kofman, Daniel Goleman y por mi propio experienciar y andar por el mundo en estos veinte años de profesión. Mi inspiración resulta de mis conversaciones con el Profesor Humberto Gutiérrez S.


Cómo emocionamos

https://www.youtube.com/watch?v=iwzFnmWB-SY&rel=0&utm_source=broadcast&utm_medium=email&utm_campaign=Transactional-Publish-success


9 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo